7 mar 2013

Relato: UN CICLO SIN FIN

Author: José Carlos B. R. | Filed under: Relatos

Las pesadillas siempre están presentes, sobretodo en la infancia cuando el miedo es el peor enemigo de un niño. Pero para Bill –que había cumplido los 11 el mes pasado– las pesadillas estaban tomando un nuevo rumbo. A pesar del miedo que le producían, era muy maduro al respecto. Se convencía a sí mismo de que nada de lo que soñaba era real y siempre se dormía con rapidez. Al despertar de una pesadilla, a media noche, nunca gritaba. Tomaba conciencia muy rápido de que solo había sido un sueño y se quedaba dormido nuevamente.

Pero durante las últimas semanas estaba ocurriendo algo muy extraño. La frecuencia con que tenía pesadillas estaba disminuyendo, pero tenía la sensación de que algo lo perseguía.

Cuando era más pequeño, eran muy frecuentes los sueños en los que  deambulaba por un parque, hospital o en un edificio cualquiera. Todo estaba solo y simplemente caminaba, recorría todos los pasillos. Pero lo que lo perturbaba era la sensación de que alguien lo seguía. Y ahora que las pesadillas estaban disminuyendo, estaba empezando a sentir esa presencia. Siguiéndolo.

El primer jueves de marzo, Bill se despertó, cepilló sus dientes, bajó al comedor a saludar a sus padres y a desayunar. Luego guardó su merienda y salió al porche de la casa a esperar el transporte.Muy independiente dirán ustedes, pero fue criado de esa forma. De ahí probablemente venga su madurez.

Esa mañana, se subió al autobús escolar y ocupó un asiento doble que se encontraba vacío.Ninguno de sus compañeros se sentó con él. Todos subían, pasaban a su lado y lo saludaban pero nadie se sentaba y Bill tenía la impresión de que alguien  –o algo– estaba ocupando el puesto a su lado. Produciendo una sensación en sus compañeros que los obligaba a alejarse.

Bill estaba a punto de levantarse para sentarse en el puesto de atrás cuando el autobús cruzo a la izquierda y ahí se encontraba su escuela. El calvario había terminado.

Al levantarse tuvo que esperar unos segundos junto a su asiento mientras todos bajaban y no pudo evitar fijarse en como el cuero del asiento a su lado se infló levemente, como si alguien hubiera estado sentado ahí.

Bajó corriendo del autobús tropezando con varios de sus compañeros y entró a la escuela. Corrió al baño de varones, entró y se encerró en un cubículo. Se repetía a sí mismo una y otra vez que nada de lo que había visto era real, que solo había sido su imaginación. Pasados unos minutos salió y se fue a su salón. La clase ya había empezado pero nadie le prestó atención cuando entró y la maestra no le dijo nada por llegar tarde.

Ese día se le hizo eterno. Tenía clases hasta las 4 de la tarde.

Cuando por fin sonó la campana que indicaba la salida, salió corriendo a los baños. Se miró al espejo por varios minutos preguntándose qué era lo que le estaba pasando. Si en verdad algo lo seguía, ¿por qué no podía verlo? Cuando salió de la escuela el autobús se había ido. Tendría que esperar a que éste repartiera a todos los niños y regresara por el segundo viaje. Llegaría muy tarde a casa y sus padres se pondrían furiosos.

Se dirigió a la carretera para atravesar al otro lado y sintió de nuevo esa presencia. Sintió que alguien estaba detrás de él y que lo observaba. Volteó y vio a una niña. Ésta lo saludó. Bill no pudo evitar devolverle el saludo pero no sabía porqué lo había hecho. La niña se dio la vuelta y empezó a caminar hacia el terreno que estaba detrás de la escuela.

El primer impulso que Bill sintió fue el de seguirla y así lo hizo. No sabía porqué lo hacía pero lo que si sabía es que no debía hacerlo. Pero no podía evitarlo.

Cruzó el terreno siguiendo a la niña. Nadie se percató de que Bill se estaba alejando en la dirección equivocada. Era como si se hubiese hecho invisible a los ojos de todos.

El paso a ese terreno estaba prohibido y a la hora de entrar y salir de clases siempre había profesores haciendo guardia en las dos entradas al terreno para que ningún niño pasara. En el terreno se encontraban los tanques de la escuela y un edificio pequeño de una planta que utilizaban de depósito. Pero esa no era la razón por la cual el paso estaba prohibido. Más allá de los tanques, el terreno se extendía más de 2 kilómetros y lo único que se encontraba al final de este era una antigua carretera que todavía era usada por los camiones madereros de la zona. Es bastante lógico por qué nadie podía pasar, en especial los niños. Pero la madurez que Bill había desarrollado durante sus 11 años de vida no le sirvió de nada en ese momento.

Caminó y caminó sin formular palabra alguna. El cielo se empezaba a oscurecer y la niña seguía caminando. Volteando de vez en cuando para verlo a los ojos y sonreírle. Bill estaba hipnotizado por el encanto de la niña.

Las primeras estrellas empezaban a brillar y el sonido de los grillos se hacía más fuerte. Las luces de las luciérnagas se hacían notar a lo lejos en el desolado y ancho terreno. La luna se alzaba imponente a medida que la noche abrasaba las últimas horas de ese primer jueves de marzo.

De repente Bill tropezó con algo y calló de frente al suelo, raspándose la barbilla y las manos. Al levantarse se dio cuenta que se había enredado en la cadena de una bicicleta. Miro a su alrededor con desespero buscando a la niña. Ahí estaba, a unos 30 metros delante de él. Observándolo, esperando a que siguiera caminando. Entonces, Bill no pudo evitar notar las cosas que se encontraban a su alrededor. Una pelota de fútbol  otra de goma roja, un cometa roto enredado en el monte creciente, un carro de juguete, muñecas rotas y lo que más le impresiono, un oso panda de peluche.

Lo recordaba, lo había visto en el periódico. Una niña había sido secuestrada y habían encontrado su cuerpo inerte abandonado entre la basura de su casa junto con su peluche favorito. El panda que tenía frente a sus ojos.

También recordaba que la familia de la niña nunca había sido llamada para pedir un rescate. El cuerpo simplemente apareció semanas después en la basura de su casa. Se encontraba en un estado de descomposición tal que no se pudo investigar a fondo la causa de muerte. El cuerpo solo pudo ser identificado por la ropa que llevaba y el peluche que lo acompañaba.

Un suceso horrible que había dejado petrificados a todos. Y casos parecidos se habían repetido. En todos los casos habían sido niños. A raíz de eso la seguridad en la zona había sido mejorada pero ese día Bill era invisible.

Algo le decía que debía volver. Pero no solo estaba recorriendo el terreno sino que estaba entrando en otro lugar. Un lugar que no existía. Pensó que no debía seguir caminando detrás de la niña pero al mismo tiempo algo lo impulsaba a hacerlo. No podía evitarlo. Tenía que seguirla. Deseaba seguirla. Saber a dónde iba. Preguntarle cómo se llamaba y porque todas esas cosas estaban ahí tiradas.

Llegados a cierto punto la niña se detuvo. Todo se llenó de una densa niebla. Bill sentía como se le erizaban los vellos de todo el cuerpo. La niña se volteó. Sus ojos habían perdido todo color y su piel se había puesto grisácea.

-Hemos llegado –dijo la niña.

-¿A dónde? –pregunto Bill, dudoso.

-Espero volver a verte pronto.

Silencio. Bill no sabía que decir.

-Recuerda, no debes tener piedad. Nadie la tuvo contigo –dijo la niña sonriéndo. Su boca ahora parecía la de un león furioso. Llena de dientes filosos y sangre.

La niña desapareció y junto con ella la niebla y todo lo que los rodeaba.

Bill no tuvo tiempo de pensar. Lo primero que vio fue la carretera bajo sus pies y luego las brillantes luces de un camión maderero que venía a toda velocidad.

 

 

***

 

El cuerpo de Bill fue encontrado esa misma noche. Nunca se supo quién lo había atropellado. Dos días más tarde la historia completa fue publicada en el periódico. Una niña, estudiante de la misma escuela a la que Bill asistía y no mucho mayor que el, leía el artículo escondida debajo del escritorio de su padre. Recordaba haber visto a Bill un par de veces en la escuela y en el autobús pero nunca cruzo palabras con él.

Dejó el periódico sobre el escritorio de su padre tal cual como lo encontró y subió a su habitación. Se desvistió y entro al baño a darse una ducha. Antes de cerrar la puerta sintió que algo se movía en su habitación. Se tapó con una toalla y salió del baño. No había nadie. Abrió la puerta del cuarto y se asomó en el pasillo.

-Mama, ¿estás ahí?

-¿Qué quieres cariño? Estoy en la cocina.

-No es nada –dijo cerrando la puerta.

Regresó al baño. Esta vez cerró con llave ambas puertas. Abrió la ducha y se colocó bajo el agua tibia.

Pasó un par de minutos ahí parada bajo el agua sin hacer nada en absoluto. Las puertas plásticas de la ducha se habían empañado. Abrió los ojos y busco a tientas el jabón. Al voltearse vio una huella de mano marcada en el vapor. Como acto reflejo cerro la llave y abrió la puerta en busca de una toalla. Vio que la puerta del baño estaba cerrada con llave. Justo como la dejó. Y se sintió más tranquila. Se quitó la toalla y se dirigió de nuevo a la ducha.

Encontró una frase escrita en el plástico empañado. Las piernas le fallaron y cayó al suelo, gritando. Las palabras eran; Eres la próxima. Y no tendré piedad. Porque nadie tuvo piedad conmigo. 

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11 Responses to “Relato: UN CICLO SIN FIN”

  1. L.H. Pérez Says:

    Pues me he erizado, :)

    Muy bueno el relato y de verdad algo aterrador, pero yo de la chica hubiese gritado no más viera la huella de la mano. La verdad es que soy un poco paranoica, hahahahaha :D

    ¡Gracias por compartirlo! :)

  2. louis gram Says:

    me gusto el relato, esta muy bueno me recorrió un escalofrió animo y suerte!! :)

  3. silla para bebes Says:

    Es un placer leer post tan intereѕanteѕ,
    enhorabuena por tu blog. Un cordiаl saluԁo deѕdе coruña.
    he puesto en mi blog un lіnκ a tu blog.
    Mi site tiene un PR de 4.ѕaluԁeteѕ!

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  4. Romi Says:

    oh!, està muy bueno. Creo que se te escaparon unos pocos acentos pero tu forma de escribir me gustò. Suerte.:)

  5. Chiche Says:

    Un buen relato de fantasmas, con justas dosis de horror.
    Hay mucho que pulir, pero vas por buen camino.
    Saludos.

  6. Pegatinas decorativas Says:

    Muchas gracias por lo que nos aportas a tus
    lectores

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